Todo está por decirse

Por Hugo 'Cachorro' Godoy (*)
Luego del 14 de agosto último, cuando se concretaron las elecciones internas obligatorias para definir las candidaturas en las generales del 23 de octubre, y vistos sus resultados, desde los medios masivos de comunicación hegemónicos se instaló la idea de que ya estaba todo resuelto, que hay un escenario en la Argentina donde lo único que queda por ver es cómo se repiten y materializan estos resultados el próximo 23.

Esto ha intentado poner como única temática de análisis la apariencia de que está todo dicho, y yo diría que esto no solamente no es así, porque el 23 está por llegar y seguramente hay una realidad política que va a volver a expresarse desde el conjunto de nuestro pueblo (porque las elecciones son eso, una gran expresión de masas que expresa deseos, expectativas, sueños, y también la conciencia colectiva de por dónde es posible avanzar mejor en cada circunstancia), pero también porque en la conciencia de nuestro pueblo está claro que no todo se resuelve y dirime en una elección.

En este sentido, los últimos días ha habido dos hechos muy contundentes, muy fuertes, que fueron ocultados por los medios hegemónicos de comunicación y que, sin embargo, dan cuenta de un estado de movilización importante de los trabajadores y de los sectores sociales más postergados, que siguen expresándose en búsqueda de soluciones todavía pendientes a sus urgentes demandas.

Así el 23 de septiembre pasado, a un año de lo que fueron las elecciones que posibilitaron que más de 300 mil trabajadores se expresaran democráticamente para elegir una nueva conducción de la Central de Trabajadores de la Argentina, materializaron una movilización en todo el territorio nacional, acompañada por trabajadores sindicalizados del sector estatal y del sector privado, por organizaciones sociales y por jubilados, que se desarrolló en todas las capitales de provincia. Y que tuvo en la Capital Federal, en una movilización frente al Ministerio de Trabajo de la Nación su expresión más alta, partiendo de una gran concentración de jubilados que elevaron al cielo miles de cartas dirigidas a la Presidenta de la Nación reclamando el reconocimiento de su derecho y las condiciones materiales concretas para viabilizar sus reclamos del 82% móvil.

También se expresó allí, frente al Ministerio, una multiplicidad de reclamos para que se termine con la precarización laboral, y que el salario mínimo sea respetado y que todos los trabajadores en el país, tanto los que están reconocidos y en blanco como los precarizados, perciban el salario mínimo vital y móvil, y no como sucede hoy con tantas supuestas cooperativas que en realidad son formas precarizadas de trabajo, fundamentalmente de los Municipios y las provincias a través del Argentina Trabaja, perciben un sueldo de 1200 pesos. O el reclamo para que la asignación por hijo sea efectivamente universal, porque hoy hay más de 700 mil pibes que no perciben ninguna asignación pese a ser hijos de trabajadores, y hay muchos más que perciben un haber por debajo de los 270 pesos que deberían percibir.

Esto junto con otros reclamos, fundamentalmente para que el Ministerio de Trabajo, a través de su ministro Carlos Tomada, deje de seguir interviniendo y designando a dedo un interventor en la CTA, para desconocer el mandato de aquella expresión mayoritaria de hace un año atrás en las elecciones de la Central.

Y como continuidad casi de esta manifestación tan importante, días atrás más de 50 organizaciones sociales, miles de trabajadores desocupados o subocupados que están en organizaciones, algunas de ellas integrantes de la CTA y otras no, se movilizaron al Ministerio de Desarrollo Social para decir: “basta al clientelismo, basta de manejo discrecional de los planes Argentina Trabaja, basta de esta falta de universalidad de las políticas sociales”. Y para reclamar concretamente que este Ministerio deje de asignar los recursos de las distintas asignaciones y subsidios solamente a los adeptos o integrados a organizaciones afines al Gobierno.

También para hacer el mismo reclamo que una semana antes se había expresado a través de la Central de Trabajadores, porque hay más de 100 mil trabajadores en los planes Argentina Trabaja y hay muchos más que lo necesitan, a quienes sin embargo no les llega. Y quienes lo reciben muchas veces están subordinados al toma y daca de someterse al dictamen arbitrario del intendente, el gobernador o el miembro de la organización que gerencia esos Argentina Trabaja, percibiendo un ingreso muy por debajo de lo que el propio gobierno reconoce como salario mínimo vital y móvil de 2300 pesos. Que aunque nosotros creemos que es insuficiente, estos compañeros precarizados perciben prácticamente la mitad. Ni hablar si lo relacionamos con los 5500-5700 pesos de canasta básica que es el valor real de lo que necesita una familia tipo de dos personas adultas y dos niños para poder sostener una vida digna.

Estas dos movilizaciones demuestran que la democracia no se nutre solamente de elecciones. La democracia se nutre de elecciones, y se nutre de acciones y formas de intervención cotidianas para resolver los problemas concretos de nuestra gente.

Porque los grandes problemas de terminar con el hambre, la pobreza, la precariedad todavía están pendientes de resolución, y en el conjunto de nuestro pueblo existe la conciencia de que recursos hay, de que existe una riqueza que todavía se distribuye inequitativamente. Que la medidas que hasta ahora se han tomado para que esas riquezas se distribuyan con equidad todavía no se han traducido en soluciones ciertas y concretas, y en esta Argentina de hoy, donde para algunos parece estar todo dicho, para otros todavía está todo por decirse.

* Secretario General de ATE Provincia de Buenos Aires – Secretario General Adjunto electo de ATE Nacional

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