Elección y después: un nuevo ciclo comienza

Por Hugo “Cachorro” Godoy (*) Sin ninguna duda las elecciones del pasado 23 de octubre y sus resultados son un hecho político de singular trascendencia en la vida de nuestro país. Y requieren un profundo análisis que obviamente no podrá ser completado en unas pocas líneas, pero sí permitirán marcar algunos aspectos, a nuestro, entender fundamentales. En primer lugar, la masividad de la participación electoral de nuestro pueblo que una vez más, con su protagonismo, demuestra que la democracia no solamente es un instrumento fundamental para la vida de nuestra sociedad, sino que además el protagonismo de nuestro pueblo es fundamental para no quedar reducidos a una democracia formal.


En segundo lugar, porque esa participación masiva generó, como uno de los datos más importantes y significativos de la elección, un resultado que le dio un fuerte triunfo al Gobierno nacional y sus expresiones provinciales, indicando que existe en amplios sectores de nuestra sociedad cuando se expresa como lo posibilita el actual sistema democrático donde se tiene que elegir por las opciones que se tienen a mano, un grado de satisfacción sobre el accionar del Gobierno.

Y porque esa participación construyó con su voto una segunda fuerza nacional como el Frente Amplio Progresista, que es un frente político gestado en los últimos cuatro meses previos a esta elección, encabezado por el actual gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, e integrado por otros importantísimos representantes de diversas culturas y trayectorias políticas como Víctor De Gennaro, enterrando a las expresiones más tradicionalmente reaccionarias de la vida política institucional de nuestro país. Así como a otras que, como en el caso de Macri, ni siquiera se animaron a presentarse porque conocen y comprenden este espíritu de búsqueda de cambios que predominan en nuestra sociedad, que no es volver a los noventa sino transitar nuevos caminos.

Así, desde el Frente Amplio Progresista, en un corto tiempo de campaña electoral lograron instalar en la sociedad no solamente la referencia de este gobernador y candidato a presidente de la Nación, sino también una perspectiva de construcción sólida y de nuevo tipo en el escenario político argentino.

De esta manera, el resultado de las elecciones de alguna manera cierra un ciclo que se había abierto en el año 2001 y de alguna manera también abre otro. Cierra el ciclo de la irrepresentatividad de las expresiones políticas y abre el ciclo de una perspectiva de democracia nueva.

En esta nueva etapa, sin ninguna duda van a volver a entrar en tensión los planteos tradicionales del poder dominante en nuestro país, que intentará recuperar la gobernabilidad en función de mantener el statu quo vigente, donde las estructuras de negocios y la distribución de la riqueza en nuestro país siguen concentradas en muy pocas manos, y las instituciones de nuestra democracia abonan al mantenimiento de ese estado de cosas.

En este sentido se me vienen a la cabeza dos cuestiones que resultan significativas para el análisis: por un lado el discurso del posibilismo, que basa su lógica en que las relaciones de fuerza no permiten desarrollar acciones que produzcan los cambios profundos que una sociedad necesita.

Ese discurso posibilista que ha predominado en sectores del Gobierno y que ha sabido equilibrar muy bien entre lo que se dice y lo que no se hace (o lo que dice y lo que se hace sólo parcialmente), hoy queda desnudo ante la realidad. Hoy hay un pueblo que se expresó en las elecciones y que claramente esta dispuesto a protagonizar la profundización de los cambios que necesita nuestra sociedad.

Por otro lado, que además estamos a muy pocos días de cumplirse los 10 años de lo que fue la gesta extraordinaria del Frente Nacional contra la Pobreza, un frente multisectorial que en el año 2001 movilizó a diversos sectores de nuestro pueblo, tanto de partidos políticos, sectores religiosos, sindicales, sociales, todos impulsados por la Central de Trabajadores de la Argentina pero amalgamándose en una principal iniciativa que era la de terminar con la pobreza en nuestro país. Esto permitió que del 14 al 17 de diciembre de 2001 se produjera un hecho inédito en nuestro país que fue una consulta popular, donde votaron 3 millones de argentinos y votaron al margen de las estructuras tradicionales de poder en la Argentina la prioridad y la urgencia de terminar con la pobreza.

La crisis que se desencadenó pocos días después, y terminó por suerte con el Gobierno de De la Rúa, puso a las fuerzas de ese Frente Nacional contra la Pobreza en tensión. Y esa tensión de alguna manera paralizó y permitió que los sectores tradicionales de la política argentina pudieran transitar la crisis y materializar una devaluación salvaje que afectó gravemente a nuestro pueblo, convocando poco tiempo después a unas elecciones amañadas que abrieron el camino de la reconstitución de la capacidad del sistema de recrear la gobernabilidad en nuestro país.

Estamos ante un nuevo escenario donde esta participación protagónica de nuestro pueblo producida el 23 de octubre permite alentar la perspectiva de profundizar los caminos de democracia y de crear nuevos modos de participación directa de nuestro pueblo, en búsqueda de garantizar los cambios que nuestra sociedad necesita. Para consolidar el camino de unidad de los pueblos latinoamericanos frente a la crisis del capitalismo a nivel mundial. Para garantizar los mecanismos de recuperación de las riquezas de nuestro pueblo y fortalecer la capacidad del Estado para controlar las enormes riquezas que genera nuestro país, y que sin embargo se siguen fugando y concentrándose en muy pocas manos y multinacionales. Y para garantizar una justa distribución de la riqueza que permita que esta recuperación económica que ha tenido nuestro país se traduzca en condiciones dignas y estables de vida para nuestro pueblo.

En este nueva etapa que se abre, esta tensión, volverá a estar presente entre los sectores de poder y nuestro pueblo, y al interior -inclusive- de los sectores del movimiento popular para: o consolidar la gobernabilidad de las instituciones tradicionales, que a 27 años de democracia no han podido trascender los limites de una democracia formal; o construir los caminos hacia una senda de mayor protagonismo popular, de creación de una nueva institucionalidad protagónica de nuestro pueblo, para alentar la perspectiva de mayor justicia y felicidad en el seno de nuestra sociedad.

* Secretario General Adjunto electo de ATE nacional

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