Gobernar el capitalismo

por Julio C. Gambina 
publicada en la edición n° 20 de la Revista Malas Palabras


Ya estamos en campaña electoral hacia octubre del 2013. Con el resultado de las PASO el gobierno intentará recuperar consenso electoral desde la política económica, pues uno de los aspectos que se supone deterioró el apoyo es la desaceleración de la Economía y su impacto negativo en los sectores de menores ingresos. 

Puede servir para el análisis lo ocurrido en 2009, anterior derrota electoral del gobierno en elecciones de medio turno. La recuperación se asoció a medidas de política económica que incidieron especialmente en el consumo, y que con la evolución de los precios se fueron agotando en los años siguientes.


Consumo e inversión con límites 
La economía argentina viene de un año muy flojo, con desaceleración en el 2012 y crecimientos de los precios que afecta a sectores de ingresos bajos, y el 2013 no parece ser un año de restablecimiento de elevadas tasas de crecimiento económico. Los pronósticos oficiales, que recoge la CEPAL hablan de un 3,5% de evolución. Ese guarismo se logra vía consumo público o privado, inversiones públicas o privadas y saldo favorable del comercio exterior.








Las tres cuestiones son complejas. Por el lado del consumo no aparecen muchas posibilidades de intervenir, salvo resignando recursos fiscales en momentos de dificultades. Otra opción proviene del incremento de la emisión monetaria con impacto previsible en la inflación. Algunos imaginan el retorno al endeudamiento, por ahora esquivo por presiones de acreedores con demandas de cobro sobre el país. 

Las inversiones se dificultan en el corto plazo y por eso la importancia que el gobierno asigna al acuerdo de YPF con Chevron, o los fondos del financiamiento chino en las represas hidroeléctricas en Santa Cruz que se anunciaron desde Río Gallegos, con la Presidente rodeada de distintos referentes del poder económico local y el sindicalismo afín. El gobernador neuquino señala los límites del Estado para invertir y por ende, la necesaria inversión externa. Ni el gobierno nacional, ni el neuquino opinan sobre la cuestión de fondo que impugna la protesta social, la contaminación y agresión a los recursos naturales y a la población. Toda la argumentación se limita a contrarrestar la crisis energética que este año puede representar una factura de importación de combustibles del orden de los 13.000 millones de dólares, afectando también el disminuido superávit comercial. 

La apuesta gubernamental es a favorecer el ingreso de capitales externos. A favor cuenta con un dólar favorable a la importación de bienes de capital, máquinas y herramientas, demandadas junto a bienes suntuarios como los autos de alta gama. Desde el Banco Central o el Ministerio de Economía se promueve el crédito para el desarrollo de la producción e incidir en un ciclo de inversiones que no termina de emerger. Un problema adicional es que toda reactivación productiva supone un crecimiento de las importaciones que debilita el superávit comercial y supone mayores divisas que salen del país y afectan el alicaído nivel de las reservas internacionales, ahora en torno a los 37.000 millones de dólares, cuando habían llegado a 52.000 millones de dólares en el gobierno anterior de Cristina Fernández. 

Vale mencionar que la situación mundial de crisis capitalista no favorece el ciclo económico en la Argentina. Los grandes compradores del país presentan problemas en sus tasas de crecimiento, disminuyendo la demanda tradicional, sea por parte de China, de Brasil, EEUU o Europa.









Además, sea por la crisis monetaria o la guerra de monedas hay varios países que vienen acelerando los ritmos de devaluación competitiva y que afectan la paridad de la moneda local contra el resto de las divisas. Válido especialmente para el caso del real, la moneda del Brasil. Pese a que la Presidente aseguró que no convalidaría una fuerte devaluación, el BCRA convalida recurrentes mini devaluaciones diarias, semanales o mensuales, que acumuladas suponen una fuerte devaluación que se descarga sobre los sectores de menores ingresos, especialmente los que perciben salarios o ingresos fijos. 

Diálogo con el poder económico 
Desde la presidencia se convocó a los “titulares” del poder económico para analizar las críticas a la situación económica en curso en el país. Esa reunión se llevó a cabo en la ciudad de Río Gallegos junto a referentes de la industria, el comercio y la banca, con ausencia del sector rural y otros referentes de las grandes empresas extranjeras que actúan en la Argentina. A ellos se sumaron, invitados por el gobierno, sectores sindicales y empresarios afines a la política oficial. 

Sin perjuicio del balance de gestión esperado se convocó a los presentes a presentar necesidades en materia de política económica. Es poco lo que se explicitó, y se concluyó en continuar con ruedas de discusión en aspectos concretos. Obviamente, las principales críticas provinieron de los no convocados que descalificaron la convocatoria por sesgada. Unos, los del poder económico, demandando una agenda de debate centrada a restablecer la tasa de ganancia afectada por la desaceleración de la economía, y claramente reclamando por mayor liberalización económica para la circulación de capitales, mercancías y facilidades para remitir utilidades al exterior. Otros, especialmente en la CTA y la CGT demandando contra los impactos regresivos de la política económica, especialmente la cuestión de la carestía de la vida, la recomposición salarial, contra la impunidad hacia los trabajadores irregulares y la ilegitimidad del impuesto al salario (cuarta categoría de ganancias) que afectaba a casi tres millones de trabajadores. 

Del discurso presidencial se destaca la comparación de datos macroeconómicos entre la Argentina, Canadá y Australia, en un intento de demostrar la solidez de la situación nacional. El interrogante que la comparación promueve remite a la veracidad de los datos estadísticos y al diferencial de la situación económico estructural de los otros países respecto de la Argentina. Nuestro país tiene problemas evidentes con la paridad cambiaria que exige mayores niveles de reservas que los otros aludidos. Los desequilibrios de la Argentina presentan especificidades que hacen crítica e incomparable la situación. 

Un interrogante remite a cuál es el diálogo necesario en la Argentina, especialmente asociado a que sujeto convocar. Si el sujeto es el poder económico no hay duda que sus demandas apuntan a la liberalización de la economía. 

En las antípodas, existe una mayoría social que lucha y se organiza por discutir el modelo productivo y de desarrollo, que apunta críticamente al proyecto liberalizador y demanda propuestas soberanas, lo que supone discutir la tendencia a la sojización, la mega minería a cielo abierto y la industrialización de formato “armaduría” dependiente de crecientes importaciones, especialmente de combustible. 

La convocatoria presidencial es una respuesta al resultado electoral de las PASO y se inscribe como iniciativa política del gobierno en el intento de recuperar consensos electorales perdidos y que nuevamente se pondrán en juego en octubre. 

Vale sustentar que, en paralelo, se reconocen otras iniciativas políticas, algunas para disputar quien gobierna el capitalismo argentino y otras, de menor visibilidad, pensando en construir alternativas, incluso al capitalismo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario